¿Y si Venus tuviera vida? Una vieja historia de Bradbury y Brackett

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Algo del contexto actual

Venus fotografiado en 1979 por el Pionner 12 (Fuente: https://bit.ly/2ZMoz9r)

Un grupo de científicos, al cabeza de Jane S. Greaves, publicaron en recientes días, en la revista Nature Astronomy, el artículo “Phosphine gas in the cloud decks of Venus”, en el que afirman la existencia del gas fosfina (PH3) en la atmósfera del planeta Venus, según algunos, hermano gemelo de la Tierra. Este PH3 que se midió, según el estudio, “podría originarse a partir de una fotoquímica o geoquímica desconocidas o, por analogía con la producción biológica de PH3 en la Tierra, relacionada con la presencia de vida”. Inmediatamente los medios de comunicación se hicieron eco con titulares como: “Astronomers find possible sign of life on Venus”, en CBS News; “Scientists spot potential sign of life in Venus atmosphere” en el Washington Post; “Una vida extrema en Venus, pero no tan distinta”, de acuerdo con ABC; “Vida en Venus: por qué es tan extraño encontrar fosfina en un planeta tan hostil”, en la BBC; e incluso el New York Times le dedicó una reseña para dummies en: “¿Vida en Venus? Todo lo que debes saber”.

La investigación de los científicos puso en evidencia que habría signos que alientan la vida extraterrestre en los actuales tiempos cuando la humanidad vive una pandemia cuyo origen es incierto y cuando hablar de vida fuera de la Tierra no suena tan aventurado, aunque también prevalece la conciencia de que es información que debe manejarse con cuidado. De hecho, el anuncio ha desatado un debate, según el National Geographic: “Possible sign of life on Venus stirs up heated debate”; o opiniones como: “Nuestro loco hallazgo que sugiere vida en Venus”, según CCN-Español; incluso la NASA pronto deslindó alguna conexión con el hallazgo y anuncio, de acuerdo con Scitech Daily en “NASA Issues Announcement Regarding Claims of Possible Signs of Life on Venus”.

Voces anteriores

“Other Worlds Than Ours: The Plurality of Worlds Studied Under the Light of Recent Scientific Researches” de Richard Proctor.

Sin embargo, el debate con bases científicas o especulativas ya fue realizado desde el siglo XIX respecto a Venus. Un científico como Richard Proctor ya aludió tal posibilidad en su Other Worlds Than Ours: The Plurality of Worlds Studied Under the Light of Recent Scientific Researches (1870), en donde, entre otros estudios, indicaba que, aunque sería imposible la vida en Venus, dada la proximidad con el Sol, las zonas templadas o subárticas, podrían albergar mejores condiciones climáticas para la vida, o incluso los polos, que vendrían a ser algo así como zonas templadas, tendrían que ser el espacio para el desarrollo de “razas más activas y emprendedoras”.

Tal tipo de apreciaciones, sin duda, nutrieron imaginaciones, al igual que más atención a Venus. En 1962 cuando el Mariner-2 empezó a estudiarle, las evidencias si bien fueron otras, mostrando un planeta desértico e inhabitable, no impidieron que se siga pensando en hallar signos que supongan la vida. El astrofísico Carl Sagan en diciembre de 1967, en un artículo: “Life on the Surface of Venus?” en la revista Nature, en efecto, llegó a retomar el asunto, sugiriendo que, si bien las condiciones de vida en la superficie serían problemáticas, se tendría que pensar más bien en las nubes altas, donde, si se agitaran minerales, la existencia de vida biológica sería posible. Esta hipótesis, en cierto sentido, se anticipa a los hallazgos de Jane S. Greaves y su equipo este 2020.

Con todo, el asunto no quedó allá y el científico ruso Leonid Ksanfomaliti, al volver a revisar las fotografías enviadas por sondas como las sondas soviéticas Venera, entre 1975 y 1982, quiso demostrar la existencia incluso de formas de vida. Una entrevista con Sergio Prostak, “Life on Venus: An Interview with Dr. Leonid Ksanfomality”, de enero de 2012, para la Sci News, recordó justamente sus investigaciones, demostrando que en dichas fotografías sí hay rastros de entidades o huellas de cosas extrañas a las que se deberían echar más atención.

Considerando todo lo dicho, ¿se puede hablar de vida en Venus?

La ciencia ficción y Venus

Fuera de las investigaciones científicas y de las hipótesis en el campo de la astronomía, la ciencia ficción sí ha considerado a Venus también como el planeta de historias, culturas y especulaciones ficcionales. Desde la novela Voyage a Vénus (1865) del francés Achille Eyraud, pasando por Journey to Venus the Primeval World; Its Wonderful Creations and Gigantic Monsters (1895) del inglés Gustavus W. Pope, o A Columbus of Space (1909) de Garrett P. Serviss, hay que llegar a la década de 1930 con la Serie de Venus de Edgar Rice Burroughs, con sus 5 volúmenes: Pirates of Venus (1934), Lost on Venus (1935), Carson on Venus (1939), Escape on Venus (1946) y The Wizard of Venus (1964). Venus, para este escritor norteamericano, es Amtor y el protagonista de la serie es Carson Napier, un aventurero que luego de un periplo equivocado llega a dicho planeta, donde encuentra un mundo poblado por civilizaciones, extrañas criaturas y tribus que viven en constante tensión y guerra.

Pero no fueron estos escritores, entre otros más, los que se preocuparon por Venus, sino que desde la mencionada década de 1930, las historias de ciencia ficción proliferaron con nuevos autores ahora ya clásicos como: Olaf Stapledon, John W. Campbell, Robert A. Heinlein, C.S. Lewis, Frederik Pohl, Isaac Asimov –al respecto vale la pena revisar el artículo de The Encyclopedia of Science Fiction: “Venus” de Brian M. Stableford y David Langford–. Se puede decir que la literatura de ciencia ficción desde entonces ha tratado de reflejar a Venus, ya sea como mundo habitado, o como mundo con ciertas condiciones no recomendables para humanos, aunque sí para sus poblaciones nativas, sin descontar las representaciones casi apocalípticas dadas las condiciones climáticas prevalecientes en la atmósfera de dicho planeta.

Ray Bradbury y Leight Brackett viendo a Venus

Portada de la revista pulp “Planet Stories” de verano de 1946 donde aparece “Lorelei of the Red Mist” de Bradbury y Brackett.

Uno de los autores de ciencia ficción que igualmente le ha dedicado algunas páginas a Venus es el norteamericano Ray Bradbury. Tempranamente en 1946, coescribió con la escritora Leight Brackett, “Lorelei of the Red Mist”, publicado en Planet Stories. Luego en 1950, otro cuento, “Death by Rain”, publicado en Planet Stories, historia que seguidamente fue integrada a las de su El hombre ilustrado (The Illustrated Man, 1951) como “La lluvia” [“The Long Rain”] –a propósito de este libro invito a leer un viejo ensayo mío en Ciencia ficción en Ecuador: “El hombre ilustrado: recordando a Ray Bradbury” de 18 de agosto de 2014–. Hacia 1954, otro relato suyo fue: “All Summer in a Day”, aparecido en The Magazine of Fantasy & Science Fiction, que en 1959 formó parte de su libro Remedio para melancólicos (A Medicine for Melancholy).

En esta parte de este ensayo voy a enfocarme en esa temprana historia de Bradbury y Brackett: “Lorelei of the Red Mist”. En castellano esta es conocida como “Tres-x infinito” o “Tres por infinito” (1964) y forma parte de un volumen doble en el que está tal novela corta y “Hacia las estrellas” de Edmond Hamilton. Cabe decir que hacia 2018, apareció un volumen de las historias de Leight Brackett donde figura tal historia con el título de “La sirena de la bruma roja”, mencionando también la coautoría de Bradbury.

Portadilla de “Lorelei of the Red Mist” de Bradbury y Brackett en “Planet Stories” (1946).

Hay que decir que “Lorelei of the Red Mist” había comenzado a escribirlo Brackett, pero la historia no pudo terminarla porque ella, que además era guionista en Hollywood, estaba en otro proyecto, el de la película The Big Sleep (1946), dirigida por Howard Hawks –recordemos, por otro lado, que ella trabajó con George Lucas y Lawrence Kasdan en el guion de Star Wars: Episode V – The Empire Strikes Back (1980)–. La publicación de “Lorelei of the Red Mist” en Planet Stories del verano de 1946 fue ilustrado, además, por Reuben Ray “Rube” Moore.

Brackett por entonces ya había publicado varios cuentos de ciencia ficción en revistas pulp, a la par de una primera novela seriada, Shadows Over Mars (1944). Ella vendría a ser uno de los pocos ejemplos de mujeres que se aventuraron a la ciencia ficción cuando estaban en auge las revistas pulp y quizá también en el propio desarrollo de la ciencia ficción.

Para cuando retomó la historia Bradbury, este no era tan conocido como Brackett, aunque ya tenía unos pocos cuentos ya publicados. Gracias a que trataba de abrirse camino en las revistas, tomando contacto con algunos autores, es que conoció a Brackett. Ella inmediatamente ofreció a Bradbury que “Lorelei of the Red Mist” la terminase a sabiendas que tanto él como ella compartían el interés por la ciencia ficción y, sobre todo, adoraban las historias y el estilo de Edgar Rice Burroughs; incluso ambos estaban publicando en la revista Planet Stories. En todo caso, Brackett lo confiesa –recogido en “The Savage Swords of Ray Bradbury” de Deuce Richardson en DMR Books, agosto de 2020–:

“[Lorelei of the Red Mist] is as much Ray Bradbury’s as it is mine–exactly as much. … In late summer of 1944 I had finished about half of a 20,000-worder for Planet [Stories]. Suddenly lightning struck and (no one was more amazed than I) I had a job working on the screenplay for The Big Sleep, for Howard Hawks. Obviously I would not have time to finish the story, and I asked Ray if he would like to tackle it. He had nothing to go on but what I had down on paper. I never worked from an outline in those days (and often regretted it) and I had no idea where the story was going. Ray took the story and finished it, completely on his own. I never read a word of it until he handed me the manuscript, and I never changed a word after that. I’m convinced to this day that he did a better job with the second half than I would have done. Bradbury’s section begins with the line, ‘He saw the flock, herded by more of the golden hounds.’ Ray did some of his best writing for Planet, and this was some of that.”

Página ilustrada de “Lorelei of the Red Mist” de Bradbury y Brackett en “Planet Stories” (1946), por Rube Moore.

Según este testimonio, Brackett se vio impelida por abandonar el relato de “Lorelei of the Red Mist” por su trabajo con Hawks. Así, Bradbury respetó lo que había empezado a escribir ella, al punto de continuar sin ningún problema la historia, cosa que la escritora lo reconoció posteriormente. El relato estaba a la mitad y faltaba darle todo el impulso para llegar a buen fin. Hay quienes señalan que luego de este trabajo Bradbury no hizo cosa semejante, por lo que se puede decir que dentro de las historias de ciencia ficción de este autor “Lorelei of the Red Mist” es una rareza que tiene un encanto propio. Se trataría de una especie de fantasía épica y de ciencia ficción, siguiendo la estética literaria de Edgar Rice Burroughs. En este contexto, tal novela corta pertenece a los subgéneros de los mundos perdidos y del romance planetario.

Brevemente “Lorelei of the Red Mist” es sobre un personaje de nombre Hugh Starke, el cual escapa de un atraco espacial, el cual se estrella en Venus, en una región que se denomina las “Montañas de la Nube Blanca”. Allá conviven o coexisten tres tribus que se disputan el poder desde tiempos lejanos, por lo que cuando llega Starke, tal territorio y el planeta están enfrascados en una guerra intestina.

Cuando leemos la historia nos damos cuenta de que Venus no tiene un hábitat favorable. Leemos de un mar muerto; conocemos que hay gases rojos y que allá y en el interior de dicho mar los humanoides venusianos pueden respirar. Starke, por el contrario, no puede hacerlo, así que cuando sucumbe, la reina Rann, que además es bruja, lo traspone a otro cuerpo, el de Conan, cuerpo de un antiguo guerrero. En cierto sentido, para los fines de la guerra, Conan es revivido gracias a que se aprovecha del espíritu de Starke. Pronto el relato se vuelve de aventura y de misterio porque sabemos que Starke/Conan es presa del poder de Rann, además que Starke, al mismo tiempo, está en el mismo plano de la vida de Conan/Rann. Por ello, en castellano la novelita tiene el título de “Tres por infinito”.

Ilustración de “Lorelei of the Red Mist” de Bradbury y Brackett en “Planet Stories” (1946), por Rube Moore.

¿Se puede hablar de algún tema en “Lorelei of the Red Mist”? A Bradbury-Brackett parece que les interesaba abordar el problema de las identidades y voluntades en disputa entre seres supuestamente semejantes o entidades que comparten un mismo espacio y, más allá de ello, el conflicto social latente, pese a que los habitantes de ese mundo podrían ser inclusive hermanos. Quizá detrás se puede pensar una cierta reflexión acerca de lo que pasaba en el mundo terráqueo de ese momento, cuando estaba en curso la II Guerra Mundial: ¿por qué los seres humanos, aunque semejantes, por más que tengan distintas culturas que podrían identificarles y aunarles, están en constante guerra? En el relato, Starke finalmente toma conciencia de esto y se erige en una especie de dios, con la intención de unificar.

Conclusión

Fuera de las discusiones científicas, en la ciencia ficción Venus sí tiene vida. Sin embargo, de acuerdo con la historia de Bradbury-Brackett, la vida no es para los seres humanos, porque hay gases tóxicos, pero que, en el mismo sentido del nuevo hallazgo del equipo de Jane S. Greaves, pueden ser gases que sí pueden ser generados por entidades biológicas distintas. Es obvio decir que “Lorelei of the Red Mist” no se refiere a nada que tenga que ver con la ciencia, tampoco tiene sustento científico, pero muestra que los autores intuyen lo que probablemente los científicos podrían encontrar en un futuro. (Iván Rodrigo Mendizábal)

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